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Mérida vibra con la danza árabe de Adali Mejías

Cuando la miras bailar descubres que, además de su llamativo color de piel, Adali Mejías enfrasca inocencia, potencia y feminidad dentro de 1,58 metro de estatura. Su inquietud y necesidad de movimiento la llevan a iniciar la escarpada hacia sus metas desde temprana edad.







Mejias se adentró en el mundo de la danza oriental a los 8 años; hoy a sus 22 años afirma que a pura prueba de ensayo y error fue como llegó a ser una bellydancer experimentada y llena de sabiduría. Siendo muy joven se deslastró de todo juicio y logró el reconocimiento de sus colegas dentro del gremio dancístico en Venezuela. En el 2020 fue invitada a la Gala Fusionarte en Táchira, un encuentro virtual de artistas producido por la bellydancer Andrea Duque, directora de la academia Studio Baladi. Hoy por hoy Adali Mejias es bailarina de danza árabe profesional, profesora de danza del vientre en Raksa Studio y estudia la Licenciatura de Danza y Artes del movimiento en la ULA.

Adali Mejías nació el 25 de Junio de 1998 en Caracas, Venezuela bajo el manto misterioso de una luna nueva. Las festividades de San Juan Bautista no son coincidencia en su nacimiento. El elemento fuego marca su personalidad  de liderazgo y estratega, mientras el aire aviva su pensamiento expansivo y visionario. Su capacidad de crear es esbozada en su danza y en las coreografías representadas por sus alumnas, auténticos reflejos de su mente y su deseo de crecer interiormente y reflejar libertad en el exterior. 

Adali pertenece al grupo de mujeres que representan la última generación de los años 90. Nacida en la cuna de la tecnología pero con los pies enraizados en la tierra, comienza a mentalizarse y documentarse en la danza árabe teniendo las redes a su favor, investiga, estudia y toma talleres que complementa con una formación autodidacta sobre la cultura árabe.  

“Desde el principio cuando comencé a ver mis clases de danza árabe yo llegaba a la casa, hacia las tareas de la escuela, me encerraba en el cuarto y me ponía a practicar. Practicaba sola, sin que nadie me viera”. Esas horas de encierro dieron sus frutos, le permitieron alcanzar un estilo único y libre. Cuando Adali Mejías se monta en el escenario baila como si continuara encerrada en su cuarto y nadie la estuviera viendo, silencia a un auditorio entero y lo hace retumbar de aplausos al final de sus bailes. “¿Quién es ella?” “¿Cómo se llama la morenita?” Son las preguntas que se hace el público después de verla bailar.

El brillo de una bellydancer es su conocimiento no sus lentejuelas

 

Caracas, Venezuela - Foto Carlos Carranza


Adali no se queda en lo superficial o mundano, esa parte de la vida no le interesa. Centrada hacia la vida espiritual y hacia una mente sagaz encuentra mayores recompensas. “Tuve muchos regaños y quejas de mis profesoras, también críticas porque al inicio me costaba mucho. Pero a medida que iba practicando sentía el apoyo de mi familia. No me quedaba sólo con los movimientos y la técnica, siempre buscaba documentarme y saber mucho más. Porque la cultura árabe es tan extensa que uno nunca termina de estudiarla, es infinita como la matemática”, asegura.

Aprendió a encarar sus propios miedos y debilidades; integró su sombra, encontró la capacidad  para afrontar las adversidades, crecer y reafirmarse. Aprendizaje que requiere valor y muchas veces más de la mitad de la vida, Mejías lo entendió a temprana edad, encontró algo que la apasionaba y confió en su pasión para ayudarse a sí misma. “La danza es una bella terapia y me ha ayudado a hacer grandes cosas” afirma.  A través de la comunión entre el conocimiento y la valentía, porque conquistar un escenario con una danza que tiene su tradición en el otro lado del mundo requiere mucho valor, ella se convirtió en una exploradora de otras culturas.  

Una vez culmina su bachillerato en paralelo finaliza sus estudios como bellydancer. Mientras estudiaba en el Colegio La Salle en Caracas se continuaba formando en la academia  “Al Nujun” que significa “Estrellas” en español, dirigida por Omar Alkabhir, importante figura de  la Danza Árabe en Venezuela. 

“Omar Alkabhir se preocupaba por que sus bailarinas estuviésemos bien formadas tanto en la práctico como en lo teórico. Durante los congresos, festivales y talleres que impartió en Venezuela, nos visitaron figuras y bailarines árabes, conocedores a fondo de su cultura. Él nos resaltaba que la esencia de una bellydancer no es solo bailar, mostrar lentejuelas y canutillos; sino el brillo que tú muestras con lo que sabes” confiesa Mejías. Al dar clases, al igual que en su rol de estudiante, Adali es una mujer silenciosa que no habla mucho, pero cuando corrige a una de sus alumnas o enseña una nueva técnica árabe sus palabras están llenas de sabiduría y verdades que no todos están listos para escuchar. Mejías va más allá de lo básico, disfruta avanzar y ver a sus alumnas crecer. Y lo que otras profesoras enseñan con apatía al no encontrar avance en sus estudiantes, ella lo toma como un reto para poner en práctica el mayor recurso de un profesor: la exigencia.

Adali se distingue por ser trabajadora e innovadora, con una gran resiliencia ante las adversidades que vaticinan grandes cambios.  La bellydancer lleva el fuego de las fiestas de San Juan Bautista no sólo en las caderas, también en los pies. Dejó Caracas, sin titubeos, en busca de nuevos escenarios, y se mudó a la ciudad de Mérida a estudiar la Licenciatura de Danza y Artes del Movimiento en la Universidad de los Andes. La primera vez que visitó Mérida fue para presentar la prueba de admisión y entrar a la Facultad de Artes.

 Su deseo de explorar y trabajar con otros la lleva a Raksa Studio, academia de Danzas Árabes ubicada en el casco central de la ciudad de Mérida. Poco tiempo después la directora de la academia Paola Vera, y la profesora de flamenco Nathali Ramirez pasan a ser su segunda familia. Es por eso que cuando llegan las primeras navidades lejos de su ciudad natal, Adali vuelca en su danza su sensibilidad. Lejos de Caracas, de su familia, de los eternos mamadores de gallos, y calles atiborradas de gente que caminan apuradas incluso cuando no hay motivo de presura; la bailarina se presenta para el cierre de fin de año de Raksa Studios. Interpreta el Raks al Senneya, una danza marroquí donde Adali presume de su equilibrio e hipnotiza a la audiencia con  delicados movimientos de cadera, balanceando una bandeja con velas sobre la cabeza.  

El corazón de la ciudad de Mérida rebosante de artistas y estudiantes del interior del país, recibe a una bellydancer caraqueña cuya disciplina vierte en sus estudios universitarios y en su trabajo como profesora. Con mayor motivo en la actualidad Raksa Studio es reconocida como una de las mejores academias de danza oriental en Venezuela. Fue candidata para el premio Belly Awards Venezuela 2019, Festival de Danza Árabe y Encuentro Latinoamericano.

Desde la sabiduría de Eva hasta reinar como Cleopatra

 

Aladine El Musical - Foto Silvia Carmona


Cuando actúas con convicción en cada ámbito de tu vida, te vuelves una persona íntegra, capaz de inspirar a otros. Adali con su personalidad misteriosa y sabia le muestra el camino y apoya a sus alumnas para tener mayor consciencia de lo que están haciendo. Como profesora se beneficia de su naturaleza detallista y observadora para dirigir el salón de clases. Mejías entra, coloca la música y sus alumnas se quedan en silencio siguiendo sus movimientos frente al espejo como fieles discípulas. Se limita a hablarles cuando es necesario explicar la técnica y la clase transcurre en silencio, únicamente se oye el sonido del mizmar árabe o el malfu ambientando el salón de baile. 

En el 2020 se presentó en la Plaza de toros Román Eduardo Sandia, antes de que el Coronavirus vaciara las calles de Mérida, bailó junto a bailarinas de Raksa Studio. Asimismo fue la bailarina principal de una danza llamada “Amor Brujo” que interpretó junto a un caballo. En una oportunidad tuvo como invitada a Marilyn Belgrave, bailarina profesional con más de 45 años de experiencia, quien es profesora e investigadora en la Facultad de Artes y para ese momento le enseñaba la cátedra de Danza Expresionista a Mejías en  la Universidad. Belgrave se incorporó al grupo como una bailarina más dispuesta a bailar danza árabe, quince minutos después, trabajaba movimientos de disociación  de pecho y cadera en una coreografía que aprendieron en diez minutos. La maestra sorprendida ante las clases impartidas por Adali, se giró hacia las bailarinas y les guiñó el ojo con una sonrisa  que reflejaba sorpresa ante el nivel de concentración y dominio de técnica que exige la bellydancer a sus estudiantes.

Si bien es cierto que una bailarina no teme reinventarse a sí misma, como dijo alguna vez la célebre Isadora Duncan: “Hacia delante, siempre hay que ir hacia adelante”, mientras avanza por su camino Adali Mejías conquista la independencia de una mujer soñadora y refuerza su talento para bailar, planear y proyectar sus ideas. Ella disfruta montarse en las tablas y ser reconocida en el espectáculo público. Su sueño de toda la vida ha sido bailar y conocer  Egipto, meta hacia la que se acerca a través de los estudios y la efusividad por la danza. 

Con el don de la fortaleza para comenzar cosas, y solidificar las bases de sus proyectos tiene todo lo necesario para materializar sus sueños, mientras tanto ella trabaja y se goza un Saidi, el cuál es el estilo predilecto de la bailarina. “Mi sueño más grande siempre ha sido tener mi propio estudio de danza y montarme en un escenario de cualquier país del mundo a bailar, ser reconocida por mi trabajo.” Perseverante y disciplinada además de poseer una curiosidad por aprender, son cualidades que la llevan a escribir su destino, quizá de manera inconsciente. 



Al preguntarle ¿Qué significa para ella ser mujer? Responde con otra pregunta: “A mí siempre me preguntan  ¿Qué me gusta de la danza árabe? Y lo que me gusta de la danza árabe, es lo mismo que me hace ser mujer: La feminidad. Las mujeres somos femeninas, delicadas, bellas, sutiles. Siento que la danza árabe es la única danza que representa a la mujer completamente. Hablamos de la danza del vientre y el vientre es la parte de nuestro cuerpo que asociamos a la fertilidad. Es el medio que tenemos para traer vida al mundo. La danza árabe y la mujer son la misma cosa. Las mujeres somos mágicas, maravillosas, sutiles; y mi mensaje en este mundo es transmitir eso, lo que somos las mujeres. No existe otra danza que pueda explicar  el significado mejor que la danza árabe”.

Por Mía Contreras