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Sobrepiedi: Hacer visible lo invisible

Garaudy Roger, Filósofo francés. Expone en su libro “Danzar mi vida” que todo movimiento del cuerpo constituye un solo movimiento con la psique.







Lo físico y lo espiritual no son dominios separados sino partes de una misma realidad. Por su parte, la intérprete Laudis Rangel, en su presentación del cierre aniversario de la compañía de danza contemporánea Sobrepiedi, evento celebrado el pasado 4 de noviembre en las instalaciones de la compañía;  proyecta su experiencia vivida en el cuerpo físico. Una experiencia espiritual y transformadora que va más allá de las palabras.

Encontrando nuevos estigmas de pureza a través de la danza auto cuestionas el sentido de la  verdad. Parto desde la pureza como algo verdadero, íntegro, completo y único no como el puritanismo ortodoxo. La danza, como motor generador de un momento único, es allí donde reside su pureza, integridad y verdad. Ese transcurrir irrepetible, por más idénticos que resulten los movimientos de varios intérpretes cada uno danza su idioma, crea su situación, vive su momento. Garaudy Roger, señala que al momento de volver la danza un indicativo de trascendencia; a través de la imitación de movimientos naturales, el bailarín trasciende el propio cuerpo para proyectar las palpitaciones del alma. La danza deja de ser una cosa para volverse una pregunta. Me pregunto si Laudis Rangel  se siente pura al bailar, si trasciende el escenario, el pasado y el futuro, y abre un nuevo portal desde el sentir. Imagino como la brisa y la música tocan su piel que es trasparente y envuelve su alma sólida. Observo su vida como una santa maria bajada ante el público que la hace adentrarse a un paraíso que sólo ella conoce y con el que yo me deleito a fantasear al verla danzar.  La danza condensa su energía vital y abre un portal entre dos mundos, dos tiempos e infinitas posibilidades de vivir su propia vida.

La actuación de la bailarina Laudis, inicia con un recital de su palabra escrita como preludio a su danza “Mi despecho”. La poesía como alfombra para sostener sus pasos, conserva su forma en prosa, sin ser transfigurada a otra cosa que el hombre llame poesía. Poesía es todo lo existente y nombrable y a la vez es la inexistencia misma de las palabras y las formas que se crean gramatical y morfológicamente para darle lugar al poema. Poesía es un vestido de Oscar de La Renta. Una bellydancer de las danzas litúrgicas del Raks Al Senneya, danza consagrada  a la Diosa egipcia Neith, poesía es también la sonata Le Claire de Lune number 5 de Debussy. No obstante Laudis en escena, le da su lugar original a la poesía como un arte puro, que conserva su propio ADN. La intérprete le concede un espacio, escrito, recitado y concientizado en sus movimientos. Uniendo la poesía con la danza, la palabra con el cuerpo, ambos artes conservan su autonomía. Respeta el origen de la poesía y le ofrece un lugar con su danza. Ambas artes mantienen y expresan su pureza a través de la artista en escena, y al mismo tiempo son fusionadas en la danza de la intérprete. Cuya pieza llamada “Mi despecho” tuvo lugar en el cierre aniversario de la compañía Sobrepiedi.

La danza tiene un compromiso ético con la verdad de cada intérprete. 

La verdad. Todo aquello que es verdad y oculta una mentira es puro. No puede existir la verdad sin la incertidumbre. Sin las posibilidades de que lo cierto se  vuelva incierto como afirma la teoría del cisne negro de Nassim Taleb. Donde solo un hecho puede ser probado como cierto ante la paradoja de que ocurra otra cosa deslindada al primero. O el efecto bola de nieve empleado en psicología para describir como un hecho pequeño e insignificante gana impulso y llega a tomar importancia y significado, como crítica social un pensamiento cuya veracidad no comprobada es arrojada a las masas hasta volverse verdad colectiva. Continúa creciendo y modificando su sentido veraz hasta mover a las masas. Me asombra como el ser humano, a través del desarrollo de su consciencia puede forjar su vida. Labrar como el orfebre el oro. Una pequeña acción, laboriosa precedida del despertar. Abrir los ojos ante tu camino y no mirar hacia otro lado cuando los cierras y adquieres percepción interna. 

Curioso la forma en que se presenta la lucidez mental al momento de crear una coreografía o interpretar una composición impregnándola de tu perfume, y esencias efervescentes en piel propia. Algunas veces dicha lucidez proviene del conocimiento aprendido, otras veces de la meditación; análoga relación a la manera que abres los ojos y nutres tu experiencia durante el camino o silencias tu mente y escuchas tu respiración llevándote hacia la quietud y la propiocepción. 

La danza y la ética

Quizá la ética se desvincula del bailarín. Para el bailarín que danza en grupo la coreografía es el hilo conductor que condensa los sentires individuales en movimientos colectivos. Un sentir grupal se aprecia en el inicio y cierre de Sobrepiedi con dos presentaciones coreográficas desarrolladas grupalmente. La ética del grupo es un tema neutral. El bailarín respeta los intereses del grupo muchas veces provenientes de la amistad y el movimiento consagrado a un mensaje o tema central. Incluso entonces, el mundo interno de cada intérprete se desvincula de las cuestiones de moralidad e idea del grupo. Pueden plasmarse de manera racional, fría y sin especial entusiasmo. Un abanico de posibilidades condiciona el ambiente donde se desarrolla una coreografía grupal, más allá de ese ambiente el bailarín es movido por su subconsciente.

La ética colectiva se desvincula del intérprete que vive simultáneamente en dos realidades; una extravagante y novedosa, su centro y motor, aquello que lo mueve; y la habitual regida por el tema coreográfico que describe el sentir colectivo.




La realidad sigue ocurriendo después de una coreografía

La noción  de unidad en la pieza de Laudis, bailarina de danza contemporánea, genera la sensación simbólica que está culminada su historia. Su despecho se compacta en sus movimientos e interpretación. Laudis asume que es  “sabroso sentir ese despecho, reconocerse como un ser humano lleno de apegos”. Después de su interpretación no hay espacio en su realidad para vivir el despecho de otra manera, se concentra en su danza. Si evolucionan sus experiencias, evoluciona su danza, no será el mismo sentimiento el próximo despecho que se abra a sentir. La temporalidad de ese momento da la ilusión de que la historia está completa. La emoción está formada en una interpretación, el tiempo rompe esta experiencia, la transforma, difumina o cubre de polvo dejándola atrás. Quizá en dos años cuando ella interprete nuevamente la pieza el sentido haya cambiado completamente porque ella como mujer, danzarina e intérprete ha trascendido el anterior sentir a su primer despecho.

El amor carnal como gesto sagrado



José Gregorio Guinare bailarín de danza contemporánea y docente de UNEARTE,  presentó durante el aniversario de Sobrepiedi un solo titulado “La Fugitiva sensación” ante la audiencia.  Un juramento que fue promesa fugitiva, una mirada que fue mentira es la melodía que enmarca el inicio de su pieza, junto a la soltura de su cuerpo y sus brazos y torso expandiéndose como un ave en busca de vuelo. Sus movimientos crecen y se funden con el fluir musical y la armonía de sus tiempos. El intérprete traspasa los límites temporales y físicos del espacio, expresa a través de ritmos alternados entre sutileza e impetuosidad su sentir dancístico. La energía se condensa en su cuerpo, la retroalimentación con la audiencia no toca completamente su núcleo, conformado totalmente del poder emergente de sus movimientos. El intérprete se encuentra en otro mundo, traspasa ese portal astral donde converge lo real con lo irreal y lo palpable, proyectado en su movimiento. Danza más allá del escenario, en un sitio fusionado entre lo etéreo y traslúcido del alma. Únicamente él conoce, domina y recorre los caminos entre su danza y su realidad presente.

Danzar la vida es danzar el universo dentro de nosotros. Los gestos del amor carnal presentes en la coreografía del bailarín expresan la presencia de lo sagrado. Su danza es sagrada porque expresa amor carnal, sientes como ama su cuerpo, como vive en su boca, entre sus manos, sobre aquello que alcanzan sus ojos y tocan sus movimientos, todo se impregna de su corazón. Ese acto de intercambio energético es hermoso, único e irrepetible. Su danza condensa el aliento de la llamada danza de Shiva, Según el autor Garaudy Roger, la expresión más alta de danzas litúrgicas en la India. Lo sagrado es el cuerpo, es el hombre volviéndose poderoso, alcanzando al Dios, o divinidad que cada intérprete concibe dentro de sí como ser de luz. Una oración hecha con fe a través del cuerpo.

Por Mía Contreras