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La escasez de diésel afecta directamente a los transportistas de alimentos

La falta de combustible aqueja, en primera instancia, a las industrias y al transporte público en Venezuela. La escasez de gasoil o diésel acarrea un impacto directo en transportistas, que deben distribuir alimentos en el interior del país y amenaza directamente a la cadena productiva. 




El desabastecimiento también ocasiona colapso en el sistema del transporte público, reducido a pocos buses que aparecen cada cierto tiempo como el cometa Halley a prestar servicio; esto a causa del largo recorrido en las rutas internas, y las pocas unidades laborando. El problema abarca no sólo la zona del interior del país, sino también la ciudad capital. El monte y la culebra llegaron a Caracas y ahora la principal autopista del país, la regional del centro, construida durante una década y finalizada en los últimos días del régimen de Marcos Pérez Jiménez; es ahora en gran parte de su recorrido un estacionamiento para transportistas y vehículos, que esperan por surtir diésel. Los transportistas comen y duermen en sus vehículos cual minivan a la intemperie en largas colas frente a las estaciones de servicio.

En marzo del 2020, a inicios de la pandemia, Venezuela se vio sumida en un período de escasez de gasolina, donde las calles vacías y las silentes colas de vehículos esperando por surtir, desde el anochecer, evocaban el desenlace perfecto para una película de terror de forasteros accidentados en medio de la nada, esperando por llenar el tanque. Frente a tal situación, el gobierno de Nicolás Maduro contraatacó con el racionamiento y la importación de barriles desde Irán. No obstante este año el derrumbe de la industria petrolera le dio una segunda estocada al diésel, un derivado del petróleo que produce Venezuela en escala superior a la gasolina. 

El desabastecimiento en Venezuela, pese a tener las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, compromete al transporte público y a los transportistas de distribuidoras de alimentos. Los venezolanos tanto del interior del país, la región andina y central se han visto golpeados por la escasez de gasolina. El presidente de la Confederación Venezolana de Industriales, Adán Celis, pronostica que de no solventarse la situación, los procesos industriales, el transporte de materias primas, productos terminados de las fábricas y destinados a los centros de consumos, y el sector agrícola que surte a las industrias de alimentos; saldrán muy mal parados y traerán secuelas mayores para los venezolanos. 

Ante esta situación el gobierno es señalado a menudo  como el único puente que estabilice la regulación de diésel, en tanto la presidencia de Joe Biden levante el veto impuesto anteriormente en octubre del 2020 por Donald Trump y que bloquea actualmente las importaciones de gasoil. No obstante si el desabastecimiento se prolonga y las reservas de diésel se agotan, el ámbito humanitario y la economía del país perecerán. 

En tanto el panorama es de colapso, los venezolanos esperan que el gobierno se pronuncie.  Agricultores, ganaderos, transportistas y consumidores laboran bajo subalternidad, y recurren a conseguir gasóleo “bachaqueado” muchas veces, el cual alterna entre los USD25$  a USD40$. El diésel es utilizado en la producción de energía eléctrica que surte hospitales y clínicas, con cifras rojas ante un nuevo incremento de contagios por covid en el país. También es utilizado en el suministro de agua en amplias zonas a nivel nacional, lo que lleva a la situación de racionamiento en diversos estados venezolanos.

Por Mía Contreras