La Sra Nelly Suárez tiene 47 años, su redondez es acompañada de su aire de bonachona. Trabaja todo el dÃa en Mérida y estudia por las noches en Ejido; está resuelta a ser TSU en administración en la UPTM. Tiene tres hijos: Ana de diecisiete años, Brayan de catorce y Sara de apenas nueve. Los tres juntos son un terremoto en casa. Nelly, adora a su perrito “azul” y nunca se pierde el programa de boleros que transmiten en Yvke mundial. Lleva seis años ya trabajando en una zapaterÃa del centro de la ciudad de Mérida. El Sr Gonzalo mientras tanto, su jefe, es un tipo obstinado con la vida, nada lo satisface: ni su negocio, ni su esposa, ni las grandes sumas que gana poniéndole sobreprecio a los zapatos comprados a dolar preferencial, ni su carro 4x4, ni el bigote de Maduro, ni siquiera la sonrisa “colgá-te” de Leopoldo. El Sr Gonzalo, digamos, es un hombre infeliz; razón por la cual, claro, necesita hacerle la vida infeliz a todo aquel que se mueva, respire o se aparezca a su alrededor: La Sra Nelly, por ejemplo. Ella sabe que si llega 15 minutos tarde a la zapaterÃa, el Sr Gonzalo que amaneció con el pie izquierdo, porque la arepa se le quemó en la mañana la va a sancionar, o a lo sumo, la va despedir por llegar tarde otra vez.
La Sra Nelly se levanta muy temprano, aprovecha de arreglar a los chicos, mientras arma las “viandas” con los almuerzos para el dÃa, escucha las noticias entre tanto y sabe que la cola del TROLEBUS está larga; se apura más, y aprovecha de meterle dos gritos a los chamos para que se apuren, le pide auxilio al marido en sacar al perro, hace café, se termina de abrochar la camisa con el logo de “Gonza-paterÃa”, Brayan le pide ayuda con la mancha en la camisa del liceo, ella se lo “picha” a Ana, Sara intenta ayudar volteando las arepas del desayuno. Luego de todo el trajÃn de rigor, la Sra Nelly deja a los hijos con el marido para que los lleve a la escuela, y corre a la estación terminal del TROLEBUS para tomar la unidad, y subir a su trabajo. Susto. El terminal está más lleno que nunca. Todos los usuarios y usuarias bajan y suben escaleras, pasan el ticket o la tarjeta, esperan pacientes. Otros murmuran. Otros le gritan al que se colea. Unos muchachos vestidos de gris, y otros de “chemise” o chaqueta roja, van de aquà para allá dando instrucciones y ayudando a organizar al gentÃo. Poco a poco la Sra Nelly se va acercando a la zona de embarque, mientras escucha a la doña de atrás quejándose de lo mal que está el gobierno. La Sra Nelly ve que unos policÃas resguardan el lugar. La operadora dice por los parlantes: “Buenos dÃas estimados usuarios, Tromerca trabaja para uds”. Finalmente logra embarcarse. Durante el recorrido observa por la ventana, como los buses de varias lÃneas intentan trancar las vÃas cerca de la estación Pie del llano. Observa también las colas en algunas paradas, los mototaxistas cargando gente, los taxistas haciendo lo suyo. Se pregunta a sà misma por qué harán todo esto. Siente un poco de tristeza al ver la gente afuera angustiada. También rabia por la situación; pero ella, la Sra Nelly, ya casi va llegando a Mérida. A tiempo. A ver la cara del infeliz Sr Gonzalo. Es una pequeña victoria, llegó a tiempo.
El sistema de transporte TROMERCA ha dado sin duda, una inconmensurable lección de cómo es que debe funcionar el verdadero sistema de transporte público. Una Sra como Nelly, trabajadora, humilde, de esas que viven en la periferia pero trabajan para sostener la lógica de la ciudad de Mérida, merece que asà sea. Ella no quiere ser diputada. No quiere una hummer, ni le interesa si BenjamÃn Lara tiene un negocio multimillonario detrás del sindicato de transporte. La Sra Nelly sólo quiere trabajar, no quiere que nadie la humille y desea que sus hijos aprendan de su ejemplo y esfuerzo; y en una Revolución, lo que queremos garantizar es eso, eso que llamamos vivir con dignidad, dignidad para el pueblo humilde.
La Sra Nelly hizo su cola, pagó con su tarjeta electrónica, la atendió una amable operadora, la cuidó un dedicado brigadista del TROLE, la llevó otro ejemplar chofer, y la ayudó a bajar otro joven trabajador, al llegar. Ochocientos es el número de trabajadores y trabajadoras del TROLEBUS, cuatrocientos trabajan en cada uno de los dos turnos en un dÃa normal. Los ochocientos, juntos, en una contingencia como la del paro de transporte privado. Ciento cuarenta son las unidades operativas. Veintiuno las rutas del servicio TROMERCA en un dÃa ordinario. Treinta y tres en esta contingencia.
En momentos asÃ, bajo el yugo de un paro de transporte privado injustificado que suma más de seis dÃas, una Sra como Nelly, serÃa despedida de su trabajo sin contemplación, perderÃa clases de sus estudios universitarios, su esposo no tendrÃa ingresos en el cafetÃn de la escuela porque los niños faltarÃan, sus hijos tendrÃan que resguardarse en casa perdiendo clases, quedarÃa en zozobra en el centro al no encontrar como bajar a su casa. Pero nada de esto pasa. Y no pasa porque con ciento cuarenta unidades que conforman su flota, el Sistema del TROLEBUS, ha vencido al Goliat de las egoÃstas y soberbias lÃneas de transporte, y sus sindicatos.
La Sra Nelly suma apenas una en la lista de más de ciento cincuenta mil personas que usan el sistema en un dÃa de paro como hoy; cincuenta mil en un dÃa normal. Además, sus hijos han sido beneficiarios de los casi cien mil nuevos carnets del pasaje estudiantil ofrecidos por el gobierno nacional en Mérida. Ella, Nelly, paga por cada pasaje del Sistema TROLEBUS sólo diez bolÃvares, a contraposición del abusivo e irregular precio del pasaje del transporte privado, que suma 140 bolÃvares. Cuando la Sra Nelly desea visitar a su hermana Beatriz que vive en la “Don Perucho”, sube en el TROLEBUS y baja luego en el TROLCABLE; en vacaciones además, visitó el Páramo merideño con su familia, en las rutas turÃsticas del Sistema TROMERCA a un precio inigualable.
Cuando un Sistema de transporte deja de ser sólo un servicio más, y se convierte en un servicio esencial para la vida del pueblo, cualquiera sabe, cualquiera con dos dedos de frente sabe, que está frente a un tremendo logro de la Revolución. Eso no se puede esconder. Simplemente no se puede. Porque es un Sistema que nadie para: La ruta de Nelly. Triste por ti BenjamÃn, eres un Gonzalo más en esta historia.
Por Jessica PernÃa / UBV / TatuyTv
